Sin embargo, la inauguración del ferrocarril no pudo celebrarse en la fecha prevista: junio de 1848. Y ello no sólo porque no estuvieran acabadas las obras, sino principalmente por la convulsión política que por aquellas fechas agitaba a Europa. También en España se produjeron graves sucesos que provocaron la inseguridad en la población. La Junta decidió aplazar la inauguración hasta el día 28 de octubre. La expectación popular era enorme y todos se felicitaban por el progreso que el ferrocarril representaba para el país.
Para asegurarse del éxito, la junta directiva efectuó un exhaustivo examen del estado de la línea.
El día 5 de octubre se realizó una prueba no oficial del estado del ferrocarril.
El día 8 tuvo lugar la prueba oficial; la locomotora trasladó a Mataró, en 10 coches, 400 personas entre ingenieros, invitados y periodistas.
El 11 de octubre se realizó una inspección oficial que fue un total éxito, pues recorrió el trayecto en tan sólo 36 minutos, algo impensable en aquella época.

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El tren se inauguró en medio de una gran expectación popular. El día 28 de octubre de 1848, un verdadero gentío acompañó el viaje inaugural desde Barcelona a Mataró rodeado de aplausos y felicitaciones. Se celebraron tres actos solemnes; el primero, en la estación de Barcelona; el segundo, en la estación de Masnou y, finalmente, un tercero en la estación de Mataró, oficiado por los obispos y en presencia de una comitiva de autoridades, mientras una entusiasta multitud se reunía en los alrededores. Todo era muy solemne y especial.
Durante el recorrido, contrastaba la calma de las olas con la grandiosidad del acontecimiento, y sorprendía la belleza de ver pasar paisajes y pueblos. El pueblo y las autoridades de Mataró recibieron la llegada del tren en medio de una emoción indescriptible; después de un acto de acción de gracias en la basílica de Santa María de Mataró, se ofreció un almuerzo. El viaje de regreso se efectuó en sólo 35 minutos.


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La gran afluencia de usuarios durante los primeros años pone de manifiesto el éxito de la empresa. Quizás inicialmente el gran número de viajeros respondía a la curiosidad despertada, pero lo cierto es que en los meses y años siguientes se mantuvo el número de pasajeros, lo que indica que realmente era útil por su rapidez y seguridad. Así, el ferrocarril contribuyó a facilitar el crecimiento y la prosperidad del Maresme.
Hacia 1856 empezaron a crearse en España las grandes compañías ferroviarias. Así, por ejemplo, la TBF (Tarragona, Barcelona, Francia) adquirió todas las líneas catalanas, además de la de Zaragoza. En 1899, la TBF se fusionó con la MZA (Madrid, Zaragoza, Alicante). En 1941 se creó RENFE, con la finalidad de expropiar y explotar todas la líneas españolas.





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