 |
Fallecimiento de Biada |
 |
 |
 |
| |
A finales de enero de 1848 llegaron -vía marítima- las maderas necesarias para construir el carril, cuando faltaban escasos cinco meses para su inauguración, prevista para el mes de junio.
Miguel Biada -a pesar de su precaria salud- continuó atendiendo la marcha de las obras. Durante aquellos meses se colocaban los raíles sobre los terraplenes previamente construidos. Entonces, los enemigos del ferrocarril emprendieron acciones vandálicas, y destruían de noche cuanto se construía de día. Por este motivo, tuvo que establecerse un servicio de guardia nocturna. Se dice que el propio Biada recorría por la noche el trazado del ferrocarril para evitar aquellos desmanes, y que por eso se agravó su enfermedad y contrajo una pulmonía. Retirado en Mataró, falleció el 2 de abril de 1848 tras haber hecho testamento. En el mismo hacía constar que era consciente que, de no haber sido por su constancia y esfuerzos extraordinarios, no se habría llevado a termino la empresa del ferrocarril. Al funeral, celebrado en Mataró, asistieron numerosísimas personas, entre ellas muchas personalidades de Barcelona.
En los escritos de la época queda constancia de la gran admiración que por Biada sintieron sus contemporáneos. Le consideraban el propulsor de la obra del ferrocarril y admiraban su desinterés y patriotismo. Sabían que no había buscado el propio beneficio económico, sino el bien del país. También trascendió su esfuerzo y constancia, así como su extraordinaria capacidad de trabajo. |

|
|
|
|
|